
En una ocasión me sentí capaz de dejarlo todo atrás e irme lejos. Tenía todo a mi favor: motivación, una poderosa iniciativa, poco o nada que perder y una nueva vida por comenzar.
No recuerdo porqué no me arriesgué, no sé si hubo algo que me hizo detener mis pasos al borde de la frontera.
Sólo quería hacer las maletas o una única mochila y viajar a otro mundo.
Parece la solución más difícil y complicada, cuando en realidad es la más sencilla.
El modo más rápido de salir de una habitación oscura es abrir la puerta y salir a la luz. Pero huir no nos ayuda...
Tratemos de buscar un interruptor, o un pequeño mechero que escondimos en un cajón cuando éramos adolescentes.
Palpemos cada milímetro del suelo, paredes y techos, rasquemos el gotelé, la pintura seca, el papel pegado...
Debajo de las capas que sentimos como superficiales encontraremos pequeños huecos, ventanas, trampillas, respiraderos...
La puerta que da directamente al exterior siempre estará ahí.
No se ven, pero nuestra fuerza de voluntad, autoestima y superación también lo están, y son siete millones de veces más útiles y poderosos que todas las puertas.
Pues un portazo de vez en cuando....
ResponderEliminar