05 septiembre 2014

Hoy vengo a hablar de la maternidad...


Como tantas otras madres blogueras de moda que escriben en sus propias webs, Instagram, Facebook...

¿Cómo tantas otras madres? No, creo que no...
Hoy vengo a hablar del día a día, de la convivencia, del paso del tiempo, de la REALIDAD.

La maternidad no son siestas idílicas con tu bebé en brazos, ni habitaciones infantiles perfectamente decoradas con cojines en forma de nube sonriente, ni selfies de madre e hij@ conjuntados y a la última moda.

Frase mítica que te dirá cualquier madre que te cruces en el camino: "Desde que soy madre veo la vida de otro modo, esta experiencia me ha cambiado".

Si, a mi ser madre me ha cambiado... No se cuando voy a poder dormir de seguido, ducharme o ir al baño, ver una película sin interrupciones, escribir o leer tranquilamente, desayunar/comer/cenar...

Ser madre es olvidarse de una misma, es sentir que ya no existes, que eres lo que alimenta, cambia, duerme y limpia a tu hij@, pero nada más (y nada menos).
Lo que antes era básico, ahora es prescindible.
Lo que hacías antes... ¿Qué era lo que hacías antes?

Tener hijos no es maravilloso.

Maravilloso es que dos personas sean capaces de crear una nueva vida, que surja una personita que va creciendo y sorprendiéndote día a día, que la naturaleza sea tan sabia y tan mágica.

Maravilloso es tu hij@, sus sonrisas, sus avances, sus miradas, sus manitas, la suavidad de su piel y lo bien que huele.

El cuento de Pedro y el lobo se hace realidad al ser madre. Te dicen mil veces que tu vida va a cambiar y que se acabó el tiempo para ti y tu pareja, y tu respondes que ya lo sabes... Pero no, no lo sabes.
Necesitas vivir 24 horas dedicadas al bebé, intentar controlar cada ruido de la casa, no tener horarios, hacer todas las tareas mientras el bebé duerme...
Necesitas saber que se puede vivir con sueño (con mucho sueño) y con hambre.
Necesitas desarrollar la capacidad de usar tus dos brazos como si tuvieras diez.

Hay días en los que se te cae la casa encima y no eres capaz de ver tu futuro como persona individual.
Te imaginas el resto de tu vida tal y como es en este instante, sin tiempo para nada que no sea el bebé. Entonces sientes que la persona a la que culpas de todos esos sentimientos negativos es tu hij@... y te sientes todavía peor.

Él te mira, tu le devuelves la mirada con lágrimas en los ojos... y él te echa su mayor sonrisa, como si no fuera capaz de ver tu tristeza y únicamente te viera a ti, a su madre. Sin darle importancia a esas ideas que recorren tu cabeza y sin  reprocharte absolutamente nada.

Y tu no sabes si sentirte la peor madre del planeta tierra, o si comértelo a besos y maravillarte con su inocencia...

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