
¿Nunca os habéis fijado en cómo movemos los brazos al caminar?
Sería un buen comienzo para una película… Decenas de personas saliendo de un tren de cercanías, cambiando el enfoque de una a otra.
Un brazo o los dos, unos pausados, otros recorriendo prácticamente 180 grados, y unos pocos, encogidos para evitar el movimiento o el contacto con el resto del mundo.
¿Y cómo continuaría la película? Quizás siguiendo a uno de esos últimos brazos, para que nosotros, los espectadores, como un espía, podamos descubrir dónde se dirige…
Pero la cámara nunca ayudaría para poder ver su rostro, porque puede que, inconscientemente, no queramos averiguar de quién se trata…
Sería un buen comienzo para una película… Decenas de personas saliendo de un tren de cercanías, cambiando el enfoque de una a otra.
Un brazo o los dos, unos pausados, otros recorriendo prácticamente 180 grados, y unos pocos, encogidos para evitar el movimiento o el contacto con el resto del mundo.
¿Y cómo continuaría la película? Quizás siguiendo a uno de esos últimos brazos, para que nosotros, los espectadores, como un espía, podamos descubrir dónde se dirige…
Pero la cámara nunca ayudaría para poder ver su rostro, porque puede que, inconscientemente, no queramos averiguar de quién se trata…
Mantener los brazos quietos mientras se anda requiere un 12% más de energía metabólica que si se mueven.
Mover los brazos también contrarresta el movimiento de giro o "tuerca" que crea el cuerpo al mover las piernas por un camino recto y suaviza el movimiento de andar, reduciendo el gasto de energía de los músculos de las piernas.
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