
Oigo que alguien llama, siento que alguien grita...
Cierro los ojos bajo una colcha de luciérnagas y mis sentidos se agudizan.
Quiero correr y no soy capaz, quiero hablar y no puedo despegar los labios.
Está escondido, en un pequeño agujerito, al fondo a la derecha en mi memoria.
Pienso mucho, y bien. Digo mucho, también bien. Espero mucho... no tan bien.
Hago una maleta más, escucho el sonido del motor, y me salto los límites como nunca habría imaginado hacerlo.
Descubro un gazpacho que me gusta, por mis venas corre sangre de sándwich mixto.
Es de noche, oigo lo que creo que son grillos, la televisión de un vecino, el ladrido del perro noctámbulo, el tic tac de varios relojes descoordinados... qué gran momento para un brain storming...
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